
Hay lugares que no fueron construidos para ser visitados,
sino para permanecer.
Los Santuarios del Anáhuac no son ruinas ni vestigios del pasado:
son puntos donde la tierra fue entendida como un ser vivo,
donde el tiempo no avanzaba en línea recta
y donde la arquitectura era una forma de diálogo con el cosmos.
Caminar estos sitios no es turismo.
Es una forma de escucha.
Aquí, cada piedra guarda una intención,
cada orientación responde al sol, a Venus o al ciclo del maíz,
y cada silencio dice más que cualquier placa informativa.
Esta sección de RutaMX no busca explicar lo que ya ha sido estudiado,
sino recordar lo que aún se siente al estar ahí:
el peso del calor, la vastedad de la selva,
el eco de una civilización que entendía al territorio como sagrado.
Los santuarios que aquí se reúnen desde las grandes capitales mayas hasta los sitios menos conocidos
no están ordenados por jerarquía,
sino por presencia.
Entra despacio.
Lee como quien camina.
Y recuerda: no todos los caminos se recorren con los pies.
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