Hay lugares que no se visitan: se atraviesan como un sueño. Así me ocurre en Xilitla, en el corazón de la Huasteca Potosina, cuando caminé por primera vez dentro del Jardín Surrealista de Edward James. Sentí que entraba a un territorio donde la imaginación aún gotea desde las hojas. Esta memoria forma parte de RutaMX, donde el viaje se encuentra con lo imposible.

Lo recuerdo así: humedad suspendida en el aire, el olor a tierra mojada y un silencio apenas roto por el agua que caía desde estructuras imposibles. Columnas que no sostenían nada. Escaleras que subían hacia ningún destino. Arcos que parecían abiertos al sueño de otra dimensión.
Las montañas neblinosas custodiaban el jardín como si fueran gigantes de piedra.

Cuando llegué por primera vez al Jardín Surrealista. Apenas crucé el portón, entendí que este no era un sitio turístico: era una visión. Edward James no construyó un jardín; sembró una pregunta.

Caminé por senderos estrechos rodeados de helechos gigantes, escuchando el golpe constante del agua contra las estructuras. Subí una escalera que se perdía entre la bruma y bajé por un pasillo donde el musgo hacía que el piso pareciera piel viva.

Imagine a Edward James y Leonora Carrington cuando fue la vivienda del mecenas.

En “La escalera al cielo” imaginé al artista subiendo una y otra vez, buscando un punto donde lo real y lo imposible se estrecharan la mano.

En el “Palacio de Bambú” entendí que este jardín es también un lugar de duelo, esperanza y obsesión.

Cada estructura parecía hablar. Algunas murmuraban. Otras guardaban silencio.

Xilitla me enseñó que lo surreal no es escapar de la realidad, sino mirarla con los ojos, pero sin los pensamientos.

Edward James buscaba transformar un dolor profundo en belleza, y la selva respondió ofreciéndole sus formas, su niebla y su tiempo.

Aprendí que la creatividad es un puente: uno que a veces no lleva a ninguna parte concreta, pero que aun así transforma el paisaje interior.
Y que hay sueños demasiado grandes para caber en una casa, por eso se construyen en un gran jardín.

En Xilitla descubrí que los sueños también tienen raíces.
Y que algunas crecen hacia arriba, buscando el cielo.

Si algún día visitas Xilitla, te sugiero caminar sin prisa. Piérdete. Sube las escaleras que no llevan a ningún sitio. Deja que la humedad te abrace, que el sonido del agua marque tu ritmo y que el jardín te cuente aquello que no aparece en ninguna guía.

No trates de entenderlo todo.
Este lugar no fue hecho para entenderse, sino para sentirse.
Un poco de historia
Brevísimo contexto: surrealistas en México
Desde finales de los años 30 y durante los 40, México se volvió refugio y laboratorio de surrealistas europeos que huían de la guerra:
André Breton visitó México en 1938 y lo declaró el país “más surrealista del mundo”, fascinado por su mezcla de tradiciones indígenas, catolicismo, paisaje y política.
Más tarde se instalaron aquí figuras como Remedios Varo (española, exiliada por la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial) y Leonora Carrington (británica, que llegó en 1948 y vivió en México hasta su muerte en 2011).
Ellas, junto con Frida Kahlo y otros artistas, transformaron al país en uno de los centros mundiales del surrealismo “a la mexicana”: un surrealismo atravesado por mitología prehispánica, catolicismo popular, magia, tarot, ciencia y humor negro.
Edward James: el excéntrico que soñó Las Pozas
Edward Frank Willis James (1907–1984) fue un aristócrata británico, poeta y uno de los grandes mecenas del surrealismo europeo: apoyó a artistas como Salvador Dalí y René Magritte, compró su obra cuando casi nadie lo hacía y experimentó con espacios surrealistas en su casa de Monkton House, en Inglaterra.
Buscando su propio “edén surrealista”, viajó a México en los años 40 y terminó encontrando Xilitla, en la Huasteca potosina, un paisaje de selva, neblina, cascadas y cañones que encajaba perfecto con su imaginación desbordada.
El Jardín Surrealista de Las Pozas
Entre finales de los 40 y principios de los 80, James fue levantando en medio de la selva lo que hoy conocemos como Jardín Surrealista de Edward James – Las Pozas:
Más de 80 acres de cascadas, pozas naturales y estructuras de concreto
Escaleras que no llevan a ningún lugar, puertas que se abren al vacío, columnas que parecen plantas fantásticas
Casas imposibles con nombres poéticos como “La casa sobre tres pisos que en realidad tendrá cinco o cuatro o seis” o la famosa “Escalera al cielo”.
Su idea era que la selva y el concreto fueran una sola cosa: un jardín en perpetua construcción, donde la arquitectura se sintiera tan viva y caótica como la vegetación que la invade. Él mismo decía que México era “naturalmente surrealista” y que Las Pozas era su manera de dialogar con esa energía.
Tras su muerte en 1984, el sitio pasó por una etapa de abandono hasta que, en los 2000, una fundación y el gobierno de San Luis Potosí comenzaron su rescate y restauración, hoy bajo el Fondo Xilitla.